Blanc se parece más a un espacio de arte que a un restaurante o un bar.

El menú de autor tiene una docena de platos, y las cartas de vinos y cócteles también son diminutas.

Este local bonito y perenne, de los fundadores de Tilda y el chef Pável Kazmin, atrae a personas jóvenes y creativas que vienen a conversar con una copa de algo y, quizás, a picar algo.

Los clientes valoran un ambiente donde todos son amables y atentos entre sí. Y, por supuesto, la estética: en Blanc siempre da gusto mirar alrededor.