Mamie
Bolshaya Nikitskaya, 14
Abierto hasta las 02:00
Horario:
Abierto hasta las 02:00
Lunes08:00-00:00
Martes08:00-00:00
Miércoles08:00-00:00
Jueves08:00-00:00
Viernes08:00-02:00
Sábado08:00-02:00
Domingo08:00-00:00
Bistró francés de Lucky Group en Bolshaya Nikitskaya. El chef de marca Dan Miron y el chef Tarás Kirienko cocinan clásicos con horno de leña y josper. Uno de esos raros lugares que se sienten como volver a casa.
En Bolshaya Nikitskaya, entre el Conservatorio y el Arbat, Lucky Group abrió un bistró de nombre elocuente: Mamie, que en francés significa «abuela». La palabra marca el tono de todo el proyecto: nada de trucos gastronómicos ni emplatados enrevesados. De la cocina se encargan el chef de marca Dan Miron y el chef Tarás Kirienko, cuyo enfoque cabe en una sola frase: encontrar un producto excelente y prepararlo rápido, simple y sabroso.
Según el equipo de nuestra guía gastronómica, Mamie es uno de esos raros lugares que se sienten como volver a casa.
El diseñador Aleksey Penyuk, de Studio APAA, sumergió la sala en la estética de una casa rural del sur de Francia, y el acierto es total. El interior se percibe como contemporáneo, pero sorprendentemente auténtico: como si hubieras llegado a una vieja casa de campo donde todo tiene un aire un poco retro, pero luce increíblemente bien. El suelo está revestido de travertino, los techos con tablas de granero, y las ventanas y la fachada rematadas en roble rojo. El mobiliario está seleccionado de los años cincuenta y sesenta: sillas y mesas desgastadas que parecen haber estado ahí siempre. En las paredes hay obras de artistas jóvenes, y junto a ellas, candelabros vintage y flores frescas. La mirada se detiene en multitud de pequeños detalles: cada rincón de la sala está pensado al milímetro. La iluminación es suave y cálida, y el uniforme del personal encaja perfectamente con el ambiente. La sala tiene capacidad para 110 comensales, y en el salón derecho hay una gran mesa para grupos, una opción estupenda para un cumpleaños.
La base del menú es la clásica francesa de siempre: tartar parisino, entrecot con salsa de pimienta, sopa de cebolla. El horno de leña y el josper se encargan de gran parte del trabajo. El muslo de pato sale con la piel bien dorada, y las patatas con cebolla son un teletransporte directo a la infancia, una copia de la receta de la abuela. Merecen mención aparte las entradas: aquí son realmente sobresalientes, y muchos comensales piden varias a la vez. La niçoise se sirve en una versión ampliada: atún cocinado en lugar de crudo, alcachofas, judías verdes y tomates de primera calidad. Los desayunos son otro punto fuerte: crepes, tortillas, novedades de temporada cada pocos meses. Entre los postres, conviene fijarse en la tarta de manzana con salsa inglesa.
La carta de cócteles la construyó el bar chef Maksim Gorelik, donde se cruzan recetas clásicas y acentos franceses. El Kir Royal se prepara con licor de bayas casero, y el Provence Spritz se sirve de grifo. El vino lo eligieron Dmitry Kipelkin y Yelena Ajvátova: por copas, solo Francia, desde chateaux tradicionales hasta jóvenes productores. A quienes quieran salir de las fronteras de Francia, les propondrán un korvain.
Nuestros clientes incógnitos calificaron la cena con 8 sobre 10 y el desayuno con 8 sobre 10.